Esquizofrenia veraniega

Hace calor, demasiado calor, para todo, para hacer deporte, para pasear, para ver la tele e incluso para leer pero os dejo esta breve reflexión para refrescar la memoria y los ánimos.

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El verano es la estación del año más esperada por la mayoría. Será por las vacaciones, será por el clima, será porque el día es más largo… No sé. Posiblemente uno de los factores que más influyan sea la añoranza de los veranos vividos durante la infancia, recordados ahora como paradisíacos desde una nube onírica desdibujada con el pasar de los años.

Si haces el esfuerzo por recordar los veranos de la niñez ciertas pautas se repiten en distintas generaciones: el “Vacaciones Santillana”, la tortilla de patatas para pasar el día en la playa, el soporífero tour de Francia (con el que todos hemos construido grandes sueños) y la canción del verano. He de confesar que siempre me ha sorprendido el fenómeno de “la canción del verano”. ¿Qué pasa? ¿Perdemos el gusto musical en esta estación del año? O ¿Es acaso uno de los efectos nocivos del calor junto con el aplatanamiento, los sudores y la pereza?

El éxito de este fenómeno está vinculado al referente, es decir, a lo que representan las vacaciones: fiesta, playa, diversión, mar, desconexión, etc. La clave para medir su impacto social es por lo tanto a nivel emocional. Prácticamente todos los hits del verano se componen de la misma receta: una letra hueca (“Aserejé” o “Bomba”), un estribillo pegadizo (“El tiburón” o “Ave María”) y un sencillo baile a modo de coreografía grupal (“No rompas más” o “Que la detengan”). Si pensáis en canciones de este estilo os vendrán a la cabeza centenares, algunas ya clásicas como “La barbacoa” o “La Macarena” y otras más actuales como “Waka Waka” o “Live it up”. En definitiva, un sinfín de hits del verano presentes en el imaginario colectivo de la cultura musical española.

Identificas la canción del verano rápidamente porque la primera vez que la escuchas te suena fatal pero que finalmente acabas tarareando e incluso con el pasar de los años la recuerdas con cierta añoranza. Obviamente no porque te guste sino porque la has oído hasta la saciedad y se queda retenida en el lóbulo temporal de la corteza cerebral. Menos mal que la industria y los mercados saben que esta presión solamente la podemos soportar en verano…

Os dejo abierta la puerta para trasladarlo a la programación televisiva estival (no os será difícil encontrar equivalentes). Pienso que el calor es devastador, crea seres alienados que aguantan prácticamente cualquier cosa. Pero ¿qué sucede con la canción del verano cuando llega el otoño con sus rutinas y la lluvia? ¿Se desvanece como si nunca hubiese existido? (Menos mal, vuelve la cordura).

@yaipea

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