De hipsters y barbas. Buscando las esencias de la masculinidad

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Un simple paseo por cualquier calle medianamente urbanita nos lo permitirá observar. Las barbas están volviendo a formar parte de la escena pública masculina. Lo hicieron ya en otros momentos históricos, pero la industria de las maquinillas de afeitar y la incorporación de los varones a los cuidados higiénicos corporales y al culto a la belleza (algo que alguna vez han definido como metrosexualidad) parece que acabaron con ellas. Ahora, paradójicamente cuando más cosméticos masculinos se consumen, la barba parece que ha vuelto y veremos si como moda pasajera o para quedarse.

Tal es el fenómeno “sociológico” que en muchos sitios empieza a debatirse la cuestión en profundidad. Y yo, por supuesto, quería hacerlo desde la posición que me ofrece esta tribuna en la red y desde la inquietud intelectual que me está generando dicha cuestión. La pregunta, sobre todo para aquellas personas interesadas en la identidad masculina, parece clara. ¿Por qué? Es decir, ¿por qué los hombres vuelven a llevar barba? No todos, es obvio, pero sí muchos. Primero empezamos por dejar de afeitarnos, la barba de dos días, la que gustaba a las mujeres, la de tipo duro. También se llevaron los bigotes, pero aquello  en algún momento derivó y con el impulso del fenómeno hipster, parece que estamos llegando al momento álgido de la recuperación de la barba masculina.

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Me preocupa o me interesa este tema  en la medida que me da la sensación de que los hombres (al menos muchos de ellos, de nosotros) nos pasamos la vida buscando elementos que nos diferencien de lo femenino. Pero creo que es algo más que eso. Buscamos la “esencia” de la masculinidad. Estamos buscando al verdadero hombre. El de Iron John, quizás, obra culmine del movimiento mitopoético.

“Lo que sugiero entonces, es que cada varón moderno tiene, tendido en el fondo de su psique, un ser enorme y primitivo cubierto de pelos de pies a cabeza. Establecer contacto con ese Hombre Primitivo es el paso que le falta dar al hombre de los años ochenta o de los noventa”. (Bly, 1992: 15)

Pero ¿por qué? ¿Es quizás la masculinidad algo que nos transciende a los varones? ¿Es sagrada para nosotros? ¿Es algo que funciona de manera mística? No sé si el debate sobre las barbas fundamentalmente hispterianas debería ser tan profundo, o sólo deberíamos interpretarlo desde aquello que los hombres heterosexuales hacemos para gustar a las mujeres. Pero viendo la discursiva que está emergiendo sobre el tema creo que deberíamos interesarnos por este fenómeno y su significación. Porque quizás estamos volviendo a posiciones excesivamente esencialistas.  Aunque aún no sepamos si a los varones nos define  la barba o el afeitado.

Y como no podía ser de otra manera parece que las mujeres, por aquello evolutivo de asegurar el linaje, la provisión de alimentos, etc., se sienten más atraídas por los hombres con barba. Sí, aunque estemos en el siglo XXI y existan otros condicionantes culturales, de clase social, etc., que probablemente sean más determinantes en este sentido. Es el peso de la herencia genética (modo irónico). Puede que sólo sea una moda pasajera, una cuestión estética o de comodidad, o que cada hombre lo interprete a su manera (y esto último sería bastante probable), pero no parece casual. La barba puede funcionar como elemento de distinción simbólica entre los sexos. Es un marcador que dibuja fronteras, delimita espacios y posiciones.

 


En definitiva, solamente quería sugerir la curiosidad científica que me genera el tema. Quizás en estos momentos de reformulación de las identidades masculinas y de género, los hombres estemos buscando recursos (frente a la escasez de referencias y la perpetua incertidumbre) que precisamente nos ofrezcan algo de seguridad identitaria. Pero bueno, a falta de investigación, esto no deja de ser una aventurada hipótesis. De momento seguiremos cuidando nuestras barbas y apurando nuestros afeitados, para delicia de aquellas empresas que nos ofrecen “lo mejor para el hombre”.

 

BLY, R. (1992): Juan de Hierro [Iron John]. Barcelona: Plaza & Janes Editores.
“La demanda de implantes de barba se dispara en Nueva York”
“Vikingos, los hipsters del Medievo”

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