Sociología de mercado

 

Con este post iniciamos nuestra colaboración con Ssociólogos, una página amiga y referente de la sociología en los mundos virtuales. A partir de ahora, y de manera trimestral, vamos a compartir nuestras experiencias, anécdotas, reflexiones y análisis del mundo de la sociología aplicada con el objetivo de contribuir a la divulgación de la sociología, en este caso, de mercado. Os dejamos con la lectura.

 

Arxius web eixam-10

 

 

Socioantropología. Dícese del enfoque teórico que se caracteriza por la combinación de técnicas al servicio del objeto de estudio y el papel preponderante que se le otorga al contexto sociocultural en el que se determinan y configuran las prácticas. Este enfoque proporciona una visión holística, integral, una visión de conjunto del objeto de estudio que nos permite conocerlo de manera más completa y compleja para implantar, así, acciones y estrategias exclusivas con mayores probabilidades de éxito.

 

Precisamente esto es lo que hacemos en Eixam Estudis Sociològics, una empresa de estudios sociológicos y de mercado afincada en Valencia. Desde que comenzamos nuestra actividad nos hemos especializado en la extracción de información a través de la ingeniería metodológica y el trabajo de campo cuantitativo y cualitativo, amén de haber realizado asesoramiento técnico, formación y divulgación.

 

Y ¿ por qué os contamos todo esto? Pues porque es de mala educación no presentarse. Superados los formalismos, nuestra intención en esta tribuna es hablar trimestralmente de la sociología aplicada, de cómo es hacer y desarrollar estudios sociológicos de mercado. “¡Como si fueseis la única empresa de sociología que opera en el mercado!”, pensaréis. Efectivamente, ni somos la única, ni la primera, ni la última, pero queremos reflexionar sobre ella, su objeto, sus potenciales y sus debilidades, o sus diferencias con la Academia –pura y prístina-. Queremos aportar nuestra visión y experiencia en la construcción de la sociología como oficio. Y mira que sobre esto –lo del oficio- hemos debatido largo y tendido en la empresa: ¿cuál es el oficio del sociólogo? Y en nuestro caso ¿qué es ser sociólogo aplicado? ¿Tenemos una mirada sociológica propia? Esto que de primeras puede parecer baladí, no lo es tanto. Navegando entre autores, teorías e internet en general, nos hemos encontrado muchas definiciones o, cuando menos, explicaciones de lo que es el oficio de la sociología:

 

“Del mismo modo que otros científicos, el sociólogo, tras plantear un problema específico, trata de efectuar de forma rigurosa y precisa, observaciones y evaluaciones que le permitan contrastar teorías, desarrollar sus hipótesis e ideas para extraer nuevas conclusiones, pronósticos y generalizaciones.” (Fuente).

 

Como vemos, al menos de momento, el sociólogo está vinculado al análisis de la sociedad. Bien, en esto estamos todos de acuerdo. La sociología es la ciencia que estudia la sociedad. Pero sigamos:

 

“Para mi [sic], un sociólogo que no hace investigación no es sociólogo.” Foro de Yahoo. 

 

En este comentario, sin ningún rigor científico –ya estaréis todos a puntito de saltar sobre quien os escribe, pero tenedme paciencia- por haber sido extraído de un foro de internet, vemos cómo quien lo suscribe sostiene categóricamente que la investigación es indisoluble de la práctica sociológica. Esto ya nos complica un poco más la existencia, porque ¿se puede hacer sociología sin investigación? Claro que se puede… eh, bueno, depende, porque todo depende, palabra mágica que todo sociólogo lleva tatuada en su córtex cerebral. Depende de lo que entendamos por investigación. Que sí, que ya lo sé, pero no vamos a entrar a definir investigación, simplemente diremos que nuestra apuesta profesional y compromiso con el método científico nos lleva a realizar investigación social científica aplicada al mercado, sea en publicidad, sea en el trabajo de campo o sea en el asesoramiento técnico. ¿Y cómo lo llevamos a la práctica? En nuestro caso, cuando nos encargan desarrollar, por ejemplo, un cuestionario (diseño, aplicación y resultados) nos empapamos de toda la información posible sobre el tema. Bueno, realmente lo primero que hacemos es tratar de descifrar qué quiere realmente el cliente. ¿Exageramos? [Recreación fidedigna de un día cualquiera, en una reunión cualquiera, con un cliente cualquiera, o casi]:

Buenos días Eixam

– Buenos días Cliente

– Vengo a que me hagan una encuesta

– Muy bien, entendido, pero usted ¿qué quiere?

– Una encuesta

– No, no, a ver ¿para qué quiere usted una encuesta?

– ¿Para qué va a ser? Pues para que vengan más clientes a mi hotel

– Eh… ya… empecemos de nuevo…

 

(Y aquí sería donde entraríamos en bucle intentando explicar al cliente que la técnica no la elige él sino que la demanda el propio objeto de estudio. Este es un ejemplo real para un hotel que finalmente se basó en grupos de discusión, observación y encuesta –pero pequeñita-.)

 

Retomemos, que nos perdemos. Estábamos con la idea del binomio sociología-investigación. Decíamos que siempre enfocamos cada trabajo como una investigación: documentación y producción de información, análisis, conclusiones y propuestas de acción. Así que ¡también coincidimos con esta segunda parte de la definición del oficio de la sociología! Pero antes de continuar desenmarañando la definición, permitidme que me detenga un momento sobre nuestra práctica diaria –no todos los días se objetiva una-.

 

A las puertas de nuestro quinto ejercicio económico y echando la vista atrás, hemos hecho muchas cosas y, sobre todo, muy diferentes entre sí. ¿Factor común? En prácticamente todos los proyectos la base ha sido el elemento metodológico, cuanti y/o cuali. Nuestro valor diferencial, al menos por nuestra experiencia, es la especialización metodológica. Un momento, espera, ¿quiere decir entonces que somos meros diseñadores y constructores metodológicos? Obviamente no, aunque el dominio de las técnicas es un punto a nuestro favor. Además de esto, a los sociólogos, al menos en el mercado, nos quieren por nuestra visión estratégica –que la tenemos y ya va siendo hora que nos la creamos y la pongamos en valor-, por nuestra capacidad para hacer manifiesto lo latente y nos quieren también por nuestra creatividad y exotismo. ¿Cómo? Sí, sí, nos miran y piensan “estos sociólogos…”, incluso a veces nos ven como verdaderos frikis, aunque simple y llanamente están identificando nuestra especificidad, que no es otra que nuestra particular mirada. Resultado de la formación académica –extensa y heterogénea- y de la curiosidad e inquietud cuasi de serie del sociólogo, les sorprendemos, ¡qué digo! les asombramos; no, no, mejor, les fascinamos con esa visión singular, y por ello nos valoran. Así que a ver si nos empoderamos de una vez, los sociólogos, digo.

 

Y ahora la tercera parte de la definición, la última y probablemente la más controvertida. Si seguimos navegando en la búsqueda del oficio de la sociología, vemos cómo hay autores y corrientes –ya nos adentramos en el campo teórico, ¡qué a gustito se está aquí! ¿eh?- que sostienen que la sociología, además de observar y explicar los fenómenos sociales, debe estar comprometida con la sociedad y su comunidad. Dicho de otro modo, el sociólogo está al servicio de la sociedad en tanto que debe dar solución y respuesta a los problemas sociales:

 

“Y la idea de que la teoría social dejará de ser una especialidad académica para convertirse en un instrumento con el que el público tomara conciencia de la nueva situación del mundo. Por eso Beck pertenecía a esa clase de sociólogos que, como Bauman, se preguntaban sobre el uso y la utilidad de la sociología.”  Máriam Martínez-Bascuñán.

 

 

Ese uso de la sociología como transformadora social lo encontramos en Bauman, Beck, Bourdieu, Sousa Santos, Burawoy o la primera Escuela de Chicago, entre otros. Interesante cómo hemos pasado de meros observadores analistas a agentes de cambio. Ni más ni menos. Y ¿qué pasa con quienes hacemos sociología aplicada? Pues me viene como anillo al dedo nombrar los debates que Lazarsfeld y Adorno o Blumer y Mills tenían al respecto de la sociología empírica –parte de ella sería la aplicada- y la sociología teórica porque parece ser que este es un debate clásico e inconcluso de nuestra disciplina. Verdaderamente el debate que tenían era sobre la sociología teórica y la empírica, cosa que aunque a priori pueda parecer asimilable a la dicotomía teoría-aplicada, no lo es, pues en nuestro caso empleamos la base teórica en la mayor parte de nuestros trabajos. Ese conocimiento nos permite articular la estructura de la investigación y comenzar a trabajar. Si seguimos con el ejemplo anterior del hotel, aplicamos las teorías de los ecosistemas sociales (Duncan, entre otros) al hotel entendiéndolo como un ecosistema en el que se dan unas interacciones entre actores (clientes y trabajadores) en un medio físico (hotel). A partir de ahí definimos las estrategias y acciones a implementar… pero ese es otro cantar. Así pues, en nuestro caso la frontera entre teoría-empíria-mercado es bastante difusa.

 

Ya, pero esta tercera parte de la definición, la que habla del sociólogo como trasformador social, ¿qué pasa con ella? A nuestro entender, por suerte, la sociología es tan amplia, generosa y diversa que nos acoge a todos en su regazo; por ello la transformación se hace desde la acción y es ahí donde, independientemente del sector en el que operemos, está la capacidad de mejorar nuestra realidad inmediata. Al menos así es como lo entendemos y cómo actuamos.

 

 

 

En definitiva, el sociólogo aplicado es aquel que desarrolla su actividad en el mercado, bajo sus reglas y sus lógicas que le convierten en un ser ampliamente flexible y versátil y que, también, con su acción, contribuye o puede contribuir a mejorar la sociología –apostando por la calidad- y la sociedad –compromiso social personal-. Como veis, hemos hecho un alegato en favor de nuestra amada disciplina, de la necesidad -casi obligatoriedad- de trascender los límites auto o exoimpuestos y de la puesta en valor de la sociología aplicada –al mercado, claro- porque los sociólogos tenemos muchas virtudes pero también muchos defectos, y entre ellos está el no creer en nuestras capacidades y en nuestro papel protagónico que podemos tener en nuestra sociedad, sea desde el mercado, la academia o la sociedad civil.

 

Por cierto, esto es la Tribuna de Eixam.

Escrito para Ssociólogos.

 

Sugerencias
Ulrick Bech y las paradojas de la globalización
“¿Una empíria sin teoría?” en “Los años dorados de la Sociología, 1945-1975” de Josep Picó, en Alianza Editorial.

 

 

 

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