Viajar sin ser turista

FirmaLaura_eixam

 

Dime quién eres y te diré qué consumes o dime qué consumes y te diré quién eres. Un cambio de estilo de vida requiere un cambio en los hábitos, un cambio en el comportamiento y también un cambio en el consumo de marcas. Ya no trabajo en una oficina, ahora me paseo con dos mochilas colgadas a mi espalda, compré un billete de avión para Sudamérica. Para modificar mi estilo de vida no solo tuve que sopesar el miedo del qué va a pasar mañana, dejar un trabajo fijo es muy impopular, sino que fue necesario reinventar mi forma de relacionarme, también con las marcas.

 

Si algo se trabaja en los viajes es el desapego. Poco equipaje pero que sea duradero, impermeable y corta-vientos. En el momento que se plantea salir de la zona de confort, la investigación es nuestra única arma para no entrar en pánico. Cómo llego allí, cómo encuentro un hostal, cuánto es caro y cuánto es barato. Como si de un embarazo se tratase, contactas con viajeros que ya han pasado por esa experiencia: la Lonely Planet, dicen, es una buena guía de referencia. Y ahí, es en ese preciso momento donde comienzas a relacionarte con otras marcas. Cuando la marca parece que es la única pista que tienes sobre lo que vale y lo que no, ya no vale comprar ropa del montón del mercadillo semanal. Ahora necesitas que alguien te asegure que el impermeable de los zapatos es de buena calidad, que el hostal es seguro, que el candado no se va a romper a la primera de cambio. 

 

Afortunadamente, cuando se comienza a andar los miedos desaparecen. El instinto de supervivencia te indica de quién te puedes fiar, si vas por la dirección adecuada o si, de nuevo, miraste el mapa al revés. Confieso que nunca creí que viajar es una experiencia tan chahipiruli que todo se vuelve de color de rosa, como afirman muchas de las marcas asociadas a la industria turística. Los aeropuertos son lugares indeseables, para subir una montaña hay que sudar lo inimaginable y, sí, hace falta mucho repelente de mosquitos si viajas en verano. Sin embargo, si viajas nadie te lo va a contar, lo vas a vivir, lo vas a aprender.  

 

Los países también construyen su marca internacional. En el país de la marca Pepe Mujica la austeridad no es una opción. Urugay, es muy guay pero tienen un monopolio de precios escandalosamente altos. Nadie parece encontrar explicación a la inexistente competencia de precios del mercado. Sus ciudadanos destacan por su carácter amable y tranquilo. Si eres uruguayo cargarás el mate, religiosamente, allá donde vayas. Comprar una cerveza en el supermercado cuesta lo mismo que hacerlo en el Reino Unido. 

 

Chile, también cuesta más de lo que cunde. Con una economía boyante, presumen de acoger a españoles emigrados. Su turismo es de gama alta.

 

“Los argentinos creen que Argentina es Europa”, dicen los chilenos y los uruguayos. Y sí, los porteños creen que Buenos Aires es Europa y no sé si Madrid es Europa pero Buenos Aires se parece mucho a Madrid. De hecho, creo que España se parece más a Buenos Aires que a Europa. El tango, la filosofía y la decadencia son sus pilares.

 

Bolivia es la gran excepción, su marca nada tiene que ver con un logotipo. Un país donde las temperaturas son extremas, los recursos naturales son extraordinarios, poseen una cultura tan fuerte que les hace mirar de recelo a cualquier cambio contando con un comercio algo limitado. La desigualdad social implica regateo. El regateo es una técnica comercial que intenta re-equilibrar la desigualdad económica. 

 

Perú no solo es Machu Pichu, aunque casi 3.000 personas diariamente se hacen la foto ya tradicional en las ruinas Incas. Perú tiene una marca ya consolidada dentro del sector turístico. Por cierto, Choquequirao es el futuro de la ruta Inca peruana.

 

 

Siempre y cuando estés dispuesto a aprender, viajar te hará bien. Los prejuicios se disiparán, las fronteras dejarán de tener sentido, el cambio será la constante que hará que el tiempo se estire y vivas más. Viajar sin ser turista, claro que se puede. ¡Viaja!

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