De la Superwoman al Superman. Las trampas para las nuevas masculinidades.

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Con el lanzamiento en redes de la première de la nueva superproducción en formato serie Supergirl, me ha venido a la mente un concepto que he querido rescatar: la Superwoman. En este caso la intención es readaptarlo para los hombres partiendo de aquel Superman primigenio, metáfora de la masculinidad heroica, para poder determinar los cambios en la exigencia de heroicidad  cotidiana masculina. Este es el leitmotiv de nuestro análisis que pretende destacar ciertas realidades de los hombres actuales, enfrentadas a escenarios de incertidumbre.   La Superwoman fue una de las peores ideas vinculadas con un supuesto empoderamiento femenino. Este concepto exigía a las mujeres, quizás aún exige, ser competitivas y exitosas en el ámbito laboral pero también ama de casa tradicional y madre cuidadora al mismo tiempo. El nuevo Superman que pretendemos descifrar, desafortunadamente podría estar siguiendo, en parte, misma lógica.   Y es que, enlazando con lo que comentábamos en el anterior post #SerIgualitarioMola, por supuesto que el cambio en los varones hacía posiciones más igualitarias puede tener muchas cosas positivas para nosotros mismos. Sin embargo, cuando nuestro sistema socioeconómico intenta aprovecharse de esta transformación, el camino al que puede conducir a los hombres acaba derivando en una calcomanía de los males de nuestra heroína femenina.

 

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Fuente

 

Ya sabéis, la Superwoman debe ser atractiva, inteligente -pero no rebelde-, cuidar su cuerpo, ir a la moda -prototipo de mujer urbanita cual yuppie-, ambiciosa -pero en su justa medida- o competitiva -pero sin poner en duda el statuo quo-. Una especie de abeja reina lejos de los postulados de la sororidad feminista. Pero además de todo esto debe ser activa sexualmente -sin romper con los tabúes de la sexualidad canónica-, heterosexual por supuesto y, como no podía ser de otra manera, madre, esposa, cuidadora, etc. Esto de las dobles y triples jornadas femeninas que tan bien “legitimó” aquella heroína redentora.   Era evidente que la estabilidad psicológica de cualquier mujer no podía soportar aquella presión de la nueva ontología de la feminidad capitalista, como ahora podría estar empezando a pasar con algunos hombres.   Si queremos ser buenos padres, dedicar tiempo a nuestros hijos e hijas y familia, desarrollar una relación saludable y placentera de pareja, estar con las amistades y disfrutar de las aficiones, tener un buen cuerpo y cuidar nuestra salud, ser buenos sexualmente, competitivos en el trabajo, empáticos y sensibles en casa, entre muchas otras cosas, probablemente acabemos de la misma manera que nuestras conciudadanas. En los diferentes ámbitos se juega con diferentes códigos o, al menos, es lo que se espera o se exige para algunos hombres actuales. Dicho de otro modo: modelo tradicional de masculinidad competitiva y exitosa en el ámbito público (especialmente en el laboral) para cumplir con nuestra función “proveedora” y nuevo modelo pro-igualitario en ambientes más familiares, comunales o de pareja donde los chicos sí lloran. En definitiva, que a la vez y en diferentes ambientes se empieza a demandar ser un poquito de esto, aquí, y un poquito de lo otro, allá, lo que acaba por destrozar esa brújula masculina que ya de por sí, funciona sin nortes muy claros.

 

Película: Blue Valentine

 

Fregar, pero también cambiar el aceite del coche; cocinar bien, pero también montar un mueble o usar el taladro; ser un macho en la cama, pero también abrirse a nuevas experiencias lejos de la sexualidad masculina tradicional; ser fuerte o destacar en algún deporte, pero también mostrarse cooperativo, sensible o empático, cuando no romántico (en el peor de los sentidos); o incluso ser protector, por si en alguna ocasión hace falta defender honores. Y todo no puede ser, como tampoco para las mujeres.

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Fuente: Revista GQ

 

No debemos sentirnos en esa obligación ni aceptar esa presión del propio entorno. No podemos cumplir con tal exigencia social diversificada, actuando en plan performance o cambiando de máscara en cada uno de los espacios. La modernidad líquida en la que vivimos nos impide incluso poder dar respuesta a necesidades básicas, así que chicos ¡como para ponerse en plan superhéroe adaptativo!   Puede que como sociedad debamos aceptar también que si los hombres evolucionamos hacía nuevas formas de entender nuestra identidad de género, probablemente dejaremos muchas cosas en el camino de aquella vieja masculinidad tradicional de leñador barbudo, salvaje, conquistador, aventurero o Don Juan.  Y quizás todas y todos debemos empezar a ser conscientes de estas situaciones y a vivirlas con más naturalidad, más allá de los discursos, incluso científicos que reclaman valores obsoletos. Otra cosa será ver, qué de aquel modelo tradicional era bueno y todavía vale, o dicho de otro modo, si durante este proceso complejo de transición -para hacer nuestras vidas más fáciles- será mejor convivir con ese mix de modelos aunque acaben por hacernos perder el norte.   “A las mujeres les atraen más (sexualmente) los hombres que ni barren ni friegan” en El Confidencial

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